RONALD FRASER (1930-2012). Un coloso de las fuentes orales[1].

 

La característica más notable de Ronald Fraser fue su capacidad para reinventarse, una laboriosidad sin tregua y saber resurgir siempre renovado de sus cenizas. Todos sus libros son trabajos pioneros, únicos, retos existenciales, extenuantes. Pocos han enriquecido como él la historiografía española y nadie ha dejado un legado tan esencial y original. Su primera obra con fuentes orales fue una recopilación de entrevistas a trabajadores titulada Work: Twenty Personal Accounts, publicada por Penguin en 1968. Veinte años después para conmemorar precisamente la revolución de 1968 dirigió y editó una obra de alcance internacionalA Student Generation in Revolt, Pantheon (1988): “Era un reto como todos mis libros de trabajar con un conjunto de historiadores que se dedicaban a recoger fuentes orales en Norteamérica y en Europa. Una tarea difícil de verdad”. Como contrapunto a esta experiencia que para él fue amarga se embarcó en un tema de principios del siglo XIX lejos de las fuentes orales y se ensimismó con la guerra de la independencia española, trabajo que publicó veinte años después. Sus obras más conocidas y a las que dedicó mayor esfuerzo se refieran a las dos guerras de España: Blood of Spain (1979) [Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Crítica, Barcelona, 1979] y Napoleon’s Cursed War (2008) [La maldita guerra de España, Crítica, Barcelona, 2006].

Ronald Fraser ha tenido tres hijos fruto de tres parejas distintas, con Fern Fraser que fue su primera esposa, con su agente literario Charlotte Wolfers y con Rosalind van der Beek; los últimos veinticinco años de su vida los compartió con la historiadora Aurora Bosch, catedrática de la Universidad de Valencia, quien le ha acompañado hasta su muerte ocurrida el 12 de febrero de 2012. Nació en 1930 en Hamburgo, de padre escocés y madre norteamericana con cuya fortuna la familia adquirió la casa señorial de Amnersfield, en el condado de Hampshire, donde vivieron desde que se fueron de Alemania en 1933 y dondenació su hermano Colin en 1935. Asistió avarias escuelas elitistas y sirvió como oficial de la Guardia durantevarios meses, para pasar luego un breve periodo trabajando como periodista en la agencia de noticias Reuters.En 1957 con la herencia que recibió a la muerte de su madre, e inspirado por la obra deGerald Brenan de quien se hizo amigo, se instaló en Mijas un pueblo de Andalucía próximo a Málaga. En Mijas conoció a André Gorz, entonces periodista deL’Express, que le introdujo en el círculo deJean-Paul Sartre de París y también en laNew Left Review a la que, desde entonces, siempre perteneció.

Su vida es una paradoja constante, se instala en España para hacerse novelista pero no lo consigue, a pesar de la publicación de una primera y única novela Yvette: “Si he podido añadir un granito de arena a la historia de España, la debo a un fracaso rotundo, lo que me resulta irónico. Buscaba el sol, la vida barata, el buen vio. Escribí una novela juvenil que se publicó, la cual con buen criterio está olvidada”. Una vez escrita esta novela se enfrenta a un “vacío largo y profundo” y empieza un psicoanálisis que veinticinco años después estará en la base de su autobiografía.A partir de la publicación de Yvette, según él mismo, su vida es una sucesión de encuentros o circunstancias “afortunadas” que modelaron su trayectoria profesional. En primerísimo lugar la lectura de “Los hijos de Sánchez” de Oscar Lewis porque se dio cuenta que podía escribir sobre los otros, sin tener que inventar nada y con la distancia requerida para crear otro mundo. A Lewis le preguntó en Londres: “Lo que usted escribe ¿lo considera antropología o literatura? Lewis se quedó un momento pensativo antes de contestar: literatura. Me sentí en la gloria pues podía colmar el deseo de ser literato gracias a los demás. Salí enseguida a comprarme uno de los primeros magnetófonos de cassette que habían salido al mercado y me informé rápidamente de los criados de mi casa en Amnersfield que aun estaban vivos…”. Y así fue como se embarcó en las entrevistas que serán la base de su autobiografía posterior. “Eso fue el comienzo de la nueva carrera que me inventé. Un golpe de suerte me salvó de la depresión… ”

“Por casualidad en el Times de Londres, en 1969, se publicó en primera página que un exalcalde de la guerra civil había reaparecido en el pueblo de Mijas… Yo había vivido en Mijas en años anteriores cuando quise hacerme escritor novelista… Vuelvo a Mijas y escribo la vida de Manuel Cortés que titulo In hiding: The Life of Manuel Cortés, 1972 (El calvario de Manuel Cortés). Entonces un editor americano me propuso escribir un libro sobre Mijas que por temor a la represión franquista titulé Tajos.” Es únicamente después de escribir sobre la guerra civil y sobre Mijas cuando Fraser se decide a dar forma a su autobiografía utilizando unas entrevistas que había realizado muchos años antes. “A través de la relación con el psicoanalista pude componer un libro incluyendo las entrevistas al personal del servicio doméstico quehabían hecho las veces de progenitor colectivoen mis primeros años. Combiné la visión del que entrevista y del que es entrevistado, sobre una cosa tan personal como mi propia juventud”. Así surgió “In Search of a Past” En busca del pasado (1984), memorias apasionantes con una metodología nueva.

Su manera de entrevistar: Cuando le conocí a principios de los años setenta me regaló su libro Tajos y me di cuenta de que ser historiador podía ser un oficio diferente al que me habían enseñado en la Facultad. Ronnie cambió entonces mi vida porque me enseñó otra manera de historiar y su manera única y genial de entrevistar, quizá fue para mí lo que Lewis fue para él. En Granada hace unos años con José A. González Alcantud le entrevistamos conjuntamente y al preguntarle por las claves de sus entrevistas su respuesta puede considerarse como una de sus últimas lecciones metodológicas:

“Si tuviera que resumirlo diría cuatro vocablos y todos empiezan por la letra P: privilegio, pasión, paciencia y persistencia. Me siento privilegiado por tener la oportunidad de crear una fuente histórica nueva, eso no está dado a todos los historiadores. Como historiador de fuentes orales te encuentras con la posibilidad de cuestionar las propias fuentes de una manera que a un historiador normal no le es posible. Pasión de poder compartir, en cierta medida con la persona, la recreación de su vida. Pero hay que tener cuidado con eso, porque en parte lo que hace el entrevistado es una auto-representación de sí en el momento en el que él está siendo entrevistado, y si se alza como el único personaje de la Historia, no de su historia, hay que cuidarse muy mucho, a mi juicio, de creerlo. Como los españoles hablan mucho tengo paciencia, les hago dos preguntas al principio, sencillas, que tienen respuestas objetivas: en qué año y dónde nació usted y de qué vivían sus padres. Es algo que uno necesita saber y que a veces se olvida en el curso de la entrevista. Son preguntas anodinas que no asustan, les parecen normales porque pueden contestar sin problemas. De ahí paciencia y mucha memoria. Oyes al señor o la señora contando su vida y siempre estás centrado en dos cosas, qué preguntas tienes que hacer después, y qué es lo que no entiendes exactamente o qué contradicciones o disparates hay en sus relatos. Y persistencia, si puedo hacer, que no es siempre posible, dos entrevistas en la primera la persona desarrolla su vida y la segunda es para hacer preguntas concretas. Lo que quiero saber es qué le pasó al entrevistado en aquellos momentos y qué pensaba”.

Ronald Fraser ha sido uno de los primeros en explorar en España la memoria ajena, ha abierto ventanas insólitas y nos ha mostrado paisajes insospechados de nosotros mismos. Sabía escuchar y preguntar y nunca retuvo las críticas o los juicios que sus entrevistados pronunciaban sobre los demás o sobre las organizaciones o instituciones a las que no pertenecieron. En el límite de sus fuerzas después de escribir sobre la guerra civil española me confió: “Nunca volveré a entrevistar a militantes porque sólo quieren manipularte para que escribas lo que ellos piensan que tuvo que ser la historia”. Fue fiel a su palabra y a partir de 1979 sus libros siguieron otros derroteros, la clave de su grandeza fue la sinceridad y honestidad de su trabajo siempre original, siempre distinto. No fue un epígono, supo ser un maestro.

Mercedes Vilanova,

expresidenta de la IOHA y profesora emérita de la Universidad de Barcelona [email protected]


[1] Parte de la información de esta nota son recuerdos personales míos algunos ya publicados en “Homenaje al historiador Ronald Fraser” , HAFO, número 40, 2008.Jose A. González Alcantud y Mercedes Vilanova, “Ronald Fraser, explorando las fuentes orales”Universidad de Granada, 2011. Ver algunos detalles biográficos en Alik Tarik, “Ronald Fraser Obituary” The Guardian, 15 de febrero de 2012.