Libros

 

 

Reseña de Lynn Abrams, Oral History Theory (Routledge, 2010), 214 pp.

Oral History Theory [Teoría de la historia oral] es una visión general bien escrita y accesible sobre los enfoques contemporáneos en torno al análisis y la interpretación de las historias orales. El punto central del libro es el encuentro que tiene lugar en la entrevista. Abrams sugiere que los historiadores orales rara vez “escriben sinceramente sobre sus experiencias al entrevistar” y, en consecuencia, la entrevista ha recibido poca atención en la teoría de la historia oral. Éste, empero, no es un libro sobre “cómo hacer”. Abrams aborda la teorización del “sí mismo”, la “subjetividad e intersubjetividad”, la memoria, la narrativa y el desempeño, y termina con un capítulo sobre “poder e investidura de poder”.

Si bien la autora abreva de la rica literatura sobre historia oral escrita en inglés, su atención se centra casi exclusivamente en el trabajo de los historiadores. No obstante, tanto en la teoría como en la práctica, la historia oral es interdisciplinaria, y no está confinada solamente a la historia. Dado lo anterior, resulta sorprendente que se preste poca atención a enfoques de campos emparentados como la psicología social y cultural o la gerontología narrativa. La ausencia casi total de referencias a trabajos recientes de psicología es lo más sorprendente, en particular en el capítulo sobre la memoria, que toma sus fuentes principalmente del acercamiento sociológico de Maurice Halbwachs a la memoria colectiva, producido en la década de 1920.

Abrams señala que los historiadores orales han trasladado el énfasis de su labor de la recolección de información al análisis de las dimensiones “creativas” de las narrativas de la memoria (pp. 103, 56). La fuerza de su libro radica en la clara exposición de algunas de las dimensiones teóricas fundamentales que apuntalan este cambio: la compostura, la subjetividad y la intersubjetividad, el discurso cultural y el circuito cultural. Cada teoría está efectivamente ilustrada a través del uso de ejemplos específicos de investigaciones de historia oral, haciendo el texto particularmente accesible para estudiantes que entran al campo por vez primera. En términos de este cambio de énfasis, una cuestión queda por resolver: ¿cuál es la relación entre la historia oral y la naturaleza resueltamente empírica de la práctica histórica, al menos en Reino Unido? ¿Acaso los historiadores orales amplían las fronteras de la disciplina, o se mueven más bien hacia un nuevo campo como los estudios de la memoria y el estudio de la conciencia histórica?

Abrams sostiene con toda razón que la historia oral existe bajo cuatro formas: “la entrevista original, la versión grabada de la entrevista, la transcripción escrita, y la interpretación del material de la entrevista” (p. 9). Es en la primera forma en la que este libro se concentra. No existe referencia en el texto al uso secundario de fuentes orales, cuando la entrevista, ya sea en formato de audio o de transcripción, es analizada o interpretada posteriormente por un investigador que no hizo la grabación original. Esto se volverá cada vez más importante conforme los archivos de historia oral crezcan, y tendrá implicaciones para el análisis de la intersubjetividad dentro del proceso de la entrevista.

En 1992, James Fentress y Chris Wickham identificaron una pregunta relevante dentro de la historia oral, y dentro de la teoría cultural en un sentido más amplio: ¿cuál es la relación entre la memoria individual o personal y la memoria pública o colectiva? Abrams llama nuestra atención sobre esta relación tensa entre “el poder de la cultura y el poder de la agencia individual” (p. 48). En este punto debo deslindar responsabilidades, ya que me parece que Abrams tergiversa mi postura en torno a esta cuestión. Argumentar que los historiadores orales necesitan acercarse matizadamente a la aplicación de la teoría cultural y poner atención a las formas en que los individuos reflexionan sobre y negocian con complejos discursos dentro de la memoria autobiográfica no implica rechazar la influencia del contexto social y cultural. Lo que sí cuestiono es si el “sí mismo” es tan fluido y maleable como Abrams afirma. Citando la influencia de los teóricos postestructuralistas, Abrams argumenta que “lo que los individuos presentan al mundo, y a sí mismos, cambia de una hora a la siguiente” (p. 57) Mi propia investigación en historia oral indica que la construcción narrativa de la identidad individual tiene más estabilidad temporal que eso, incluso cuando la presentación y/o puesta en acto se modifican para públicos particulares.

Este libro constituye una visión panorámica interesante y que deja qué pensar sobre la teoría de la historia oral. Espero que una consecuencia de su publicación sea estimular el debate sin prejuicios sobre las numerosas e interesantes cuestiones relacionadas con la subjetividad que aún atraen a los historiadores orales alrededor del mundo.

Anna Green

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Lenin Fisher. Mi Vida, Mi Revolución: La Vida de un Obrero Llamado Luis Fisher

 

León, Nicaragua: Editorial Universitaria, 2010

 

“Un ciudadano común y corriente alejado de las esferas del poder” da a conocer su historia de vida y con ella nos permite entender cómo se forjan la conciencia y el compromiso que lo inspiran a ser, desde la clandestinidad, protagonista en la gestación de un movimiento armado que tras décadas de lucha alcanza la victoria.

Luis Fisher tiene mucho que contar. Desde temprana edad, su existencia ha estado estrechamente ligada a la Revolución Popular Sandinista y hasta la fecha “enarbola la bandera roja y negra”. En Mi Vida, Mi Revolución el reflexiona, analiza e interpreta su realidad de obrero y de militante partícipe en sucesos históricos trascendentales en la historia de Nicaragua, tales como la formación del Frente Sandinista de Liberación Nacional y el establecimiento de su primera escuela político-militar.

Su hijo, Lenin Fisher, “espontaneo aficionado” –no historiador profesional ni académico- reconociendo el valor de su testimonio, transita con él los espacios de la memoria en la intimidad de la relación familiar para elaborar un registro oral y escrito muy valioso por los datos que reúne (el origen del himno sandinista Luchar y Vencer, los movimientos revolucionarios que antecedieron la formación del FSLN, por ejemplo), además porque integra y contrasta sucesos significativos en la vida laboral y militante de su padre con información documental sobre el contexto histórico en el cual transcurre su vida.

Los recuerdos de la vida cotidiana de Luis, durante su niñez y juventud, nos ofrecen una visión interesante sobre las condiciones que motivan el “proceso de transformación de un joven rebelde en contra de la injusticia”. El había dejado a su familia para rodar fortuna en los aňos 50, trabaja en las plantaciones de tuno (materia prima para la goma de mascar) y más tarde se traslada a Bonanza, región minera en la cual es testigo de las condiciones en que vive el pueblo y los privilegios de que goza el “staff” estadounidense. La masacre estudiantil de 1959, perpetrada por la Guardia Nacional, lo impacta profundamente. Desde su experiencia como obrero, se identifica con los estudiantes universitarios y de la reflexión pasa a la lucha armada.

La voz única de Luis Fisher, al relatar su vida, comparte las vicisitudes de una familia nicaragüense, desde los viajes del bisabuelo -que llega a la Costa Atlántica en la época de la fiebre del oro en California- las labores de su padre en regiones alejadas, la muerte de su joven esposa, hasta la militancia de sus propios hijos “un héroe, presos, torturados, heridos…” quienes sufrieron en carne propia la guerra de liberación y participaron, como su padre, en la defensa de la revolución.

Mi Vida, Mi Revolución aporta información que enriquece el estudio sobre la historia reciente de Nicaragua y de los movimientos de izquierda en América Latina y por lo tanto nos ayuda a sentar las bases para establecer una memoria histórica seria y profunda.

Reseña escrita por Ileana Gadea Rivas, Miembro de la Asociación Nicaragüense de Historia Oral

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