Reseña de Patricia Leavy, Oral History. Understanding Qualitative Research, Oxford, 2011.

 

Oral History. Understanding Qualitative Research, es una guía útil y accesible para todas las personas interesadas en la realización y el diseño de un proyecto de historia oral. Aunque la tradición académica de la que parte Leavy es la Sociología, la autora se hace eco de la interdisciplinariedad que ha recorrido la historia oral en los últimos años y recoge aportaciones tanto del campo de la antropología, como de la historia y la etnografía para crear este manual. La autora parte de una posición epistemológica en la que la relación entre el investigador/a y los participantes es tomada como algo relevante y tratada como objeto de investigación. Desde este punto de partida, la historia oral es entendida como un proceso en el que el significado se va generando en diferentes momentos: en la realización de la entrevista, en la relación intersubjetiva que surge entre el entrevistador/a y la persona entrevistada; en el análisis de las narrativas orales, donde también se produce un diálogo entre el investigador/a y la fuente.

 

En primer lugar, Leavy va a mostrar, desde el punto de vista metodológico, los pasos que hay que realizar para llevar adelante un proyecto de investigación de historia oral. La autora realiza un recorrido minucioso por todo el proceso: desde la elección del objeto de estudio y su contextualización, hasta la elección de los participantes y la presentación del proyecto ante los mismos. A continuación, Leavy muestra la complejidad de las condiciones de realización de la entrevista, con ejemplos de diferentes situaciones; finalmente, la autora plantea el problema del análisis y de la interpretación de los testimonios, abogando por la transcripción de las entrevistas y dando pautas para la codificación/sistematización de los significados de los relatos.

 

En segundo lugar, Leavy plantea que la exhibición/explicación de los resultados de una investigación de historia oral tiene que plantear los problemas metodológicos considerados, es decir, el investigador/a debe definir el marco desde el que va a interpretar sus datos, los participantes que ha elegido, el tipo de entrevista que ha realizado etc. En definitiva, las elecciones realizadas por el investigador/a, desde el punto de vista metodológico, tienen que estar justificadas. La autora ofrece numerosos ejemplos de cómo realizar esta tarea.

 

En tercer lugar, Leavy da pautas para la redacción y exposición de los resultados de la investigación. La autora se va a centrar en dos estilos: el analítico y, el que ella misma denomina, impresionista. Una de las cuestiones más importantes que plantea la autora es la necesidad de buscar un equilibrio entre la voz del investigador y los testimonios. El estilo analítico y su procedimiento es descrito minuciosamente y para los investigadores que se enfrentan por primera vez a la redacción de su trabajo esta apartado puede resultar especialmetne útil. Respecto al estilo impresionista, Leavy lo describe como una forma de exposición narrativa en la que el investigador/a hace hincapié en su papel como narrador de historias. Desde este planteamiento, el cómo van a utilizarse los diferentes recursos literario-narrativos para dar color al relato cobran toda su importancia.

 

El capítulo final del libro lo dedica Leavy a plantear fórmulas útiles para evaluar los logros y la calidad de los trabajos realizados desde la historia oral. La autora entrega, además, una bibliografía seleccionada y actualizada sobre el tema y un buen listado de bibliografía comentada sobre diferentes experiencias y aproximaciones en el terreno de la historia oral.

 

En definitiva, considero el libro de Leavy una puesta al día impecable sobre lo modos de llevar adelante un investigación de carácter cualitativo.  Los jóvenes investigadores/as y todos aquéllos que decidan orientar su carrera hacia la investigación de la memoria, la subjetividad y las historias de vida tienen en el libro de Patricia Leavy una ayuda inestimable.

Dra. Miren Llona

Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea

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Reseña de Gerardo Necoechea Gracia, Patricia Pensado Leglise (comp.). Voltear el mundo de cabeza. Historias de militancia de izquierda en América latina. Buenos Aires: Imago Mundi, 2010, 352 p.

 

 

Ya hace más de dos décadas que la historia oral, o las fuentes orales, son consideradas como herramientas válidas sin fútiles cuestionamientos, para la escritura de la historia contemporánea.

 

La historia oral, así, rotunda, como gustan de llamarla aquellos que la practican, muchas veces, con notable pasión, habla de los/lo que no siempre podemos escuchar. Para decirlo fácil: las fuentes orales son hasta aquí, un vehículo posible para que humillados, derrotados, subalternos, amotinados y díscolos de toda prosapia, color u ofensa, hagan oír sus voces, versiones y recuerdos. ¿Es esto una suerte de conato de justicia póstuma, un escenario de reparación simbólica, que la historia ofrece a los vencidos? Quizá. Pero también es una herramienta para construir un punto de vista, una perspectiva. ¿Significa esto que los historiadores orales no han hecho hablar a los grupos dirigentes, a los elencos estatales, a las burguesías? No, pero sí que de manera cuantiosa, han optado por recoger las voces de las clases populares, de las organizaciones revolucionarias, de los perseguidos, lo que también habla de la opción teórica de muchos de ellos.

 

Dicho esto, es nuestro objetivo recorrer las páginas de un producto explícito de la historia oral latinoamericana: el libro Voltear el mundo de cabeza. Historias de militancia de izquierda en América latina, compilado por los historiadores mexicanos Gerardo Necoechea Gracia y Patricia Pensado Leglise. Como una suerte de vector que traza un derrotero norte-sur sobre nuestro continente, la obra trae los testimonios de vida y militancia de mexicanos, nicaragüenses, brasileños y argentinos.

Jilma Romero Arrechavala, nicaragüense ella, trae los testimonios de  Gladys Báez. A través de estos, se ponen en cuestión los derroteros de la vida personal de esta militante sandinista, pero puestos en función de su proceso de politización, de la opción que cambiaría su vida para siempre. Su familia, su barrio, la educación, los problemas de género, los primeros contactos con la política, son desarrollados no solo para la compresión de una vida, sino también de la propia Revolución nicargüense, en un contexto – el de los sesenta y setenta- signado por los debates sobre la vía revolucionaria – armada o no, insurrección, guerra popular prolongada-, la vida cotidiana en la guerrilla rural, el influjo de la Revolución cubana, de Vietnam, y en el ámbito interno, la dictadura de los Somoza.

 

De Brasil, Marieta de Moraes Ferreira y Alexandre Forte traen dos experiencias disímiles en el marco de una experiencia de vigencia y suma importancia en la política brasileña de los últimos años: la del Partido de los Trabajadores. La primera entrevista es a Avelino Ganzer agricultor gaucho y migrante – junto a su familia- al territorio Amazónico a principio de los setenta, en el marco de las políticas de supuesta colonización de la dictadura imperante en Brasil desde 1964, con el golpe de Estado de Costa Silva a Goluart. En el testimonio de Ganzer aparecen no solo los límites de esta política de la dictadura brasileña (o su abierto carácter de farsa), sino también la difícil convivencia en tiempos actuales de los pequeños y medianos agricultores con los grandes terratenientes, el Estado, el partido (PT) y el mercado local e internacional, cuestiones que a diario vemos reflejadas en la esfera pública con el accionar del Movimiento Sin Tierras de Brasil.

 

La otra entrevistada es Benedita da Silva, a Bene. Mujer, negra yfavelada, Bene es una dirigente petista originaria de la favela de Chapéu Mangueira, en el barrio de Leme en Río de Janeiro, que no dudaríamos en caracterizar como barrio privado…privado de agua, luz, cloacas, gas y todos los servicios básicos hallables en lugares de clases acomodadas, que faltan en estas barriadas que en América latina han recibido denominaciones varias: villas miseria, poblaciones jóvenes, favelas, pueblos nuevos, etc.  Con un derrotero político extenso – concejal, diputada, primera mujer negra gobernadora de un Estado, senadora- en su testimonio no solo aparecen las dificultades de ser mujer, negra y pobre en los diversos ámbitos donde le tocó actuar, sino también el polisémico mundo simbólico que porta este tipo de militancia territorial en Brasil y América latina, donde se cruzan las influencias del marxismo, el feminismo, las variopintas religiones cristianas y el umbanda.

 

Desde Argentina Pablo Pozzi nos brinda lo que es ya un clásico en su producción: testimonios de militantes del PRT-ERP, una de las organizaciones revolucionarias armadas de mayor desarrollo en el Cono Sur de América latina entre finales de los sesenta y mediado de los setenta. Los testimonios de Héctor y Silvia recorren el espinel de los principales temas a la hora de pensar la trayectoria del PRT-ERP: sus influencias ideológicas – Vietnam, la Revolución cubana, el Che- su opción por la lucha armada, su vínculo e implantación con y en las organizaciones de masas – sindicatos, frentes barriales y de mujeres, movimiento estudiantil- su actitud frente al retorno del peronismo al gobierno y a la apertura electoral de 1973, el origen social de sus militantes y cuadros dirigentes, la Compañía de Monte en Tucumán, sus debates con el peronismo armado, las razones de su derrota.

 

Patricia Pensado Leglise, de México, aporta dos testimonios a nuestro juicio muy estimulantes: uno, de Alfonso Vázquez Rebolledo, y otro el de Edna, “la de los comunistas armados”.   El primero -hijo de Adolfo Sánchez Vázquez, intelectual marxista español exiliado en México luego de la Guerra de España- trae la praxis de los intelectuales medios latinoamericanos en los sesenta y setenta, radicalizados al calor de la lucha de masas en el continente -protagonizada por la clase obrera, pero ahora también por un nuevo estudiantado que da cuenta del cambio en el origen social de los estudiantes universitarios del continente y de sus usinas políticas- y también por las influencias de fenómenos internacionales como el Mayo francés, la guerra de Vietnam (o la guerra americana, como la llaman los vietnamitas) y la Revolución cubana.

 

El testimonio de Edna trae luz sobre un acontecimiento soterrado y desconocido para bastas capas de interesados en la historia latinoamericana: los intentos por establecer una guerrilla en México entre fines de los sesenta y mediados de los setenta, integrada al mismo tiempo al movimiento de masas. El fin que el Estado mexicano le puso a esta experiencia – a una escala muy inferior a lo acontecido en el Cono Sur- vía la represión, no esquivó las rudimentarias herramientas del terrorismo de Estado utilizadas en otros lares. Lo que motiva dos reflexiones sobre el papel de México en los años setenta, fundamentalmente en relación al exilio sudamericano: a) la existencia de un doble estándar, con una política abierta hacia el exilio, y otra muy represiva hacia el conflicto social y político interno; y b) el poco registro que hay de estos conflictos, como los que relata Edna, en la memoria de los diversos exilios sudamericanos en México, a pesar de ser ambos acontecimientos contemporáneos.

 

Por todo esto, y para no extendernos demasiado (ahora toca leer el libro, cosa que recomendamos y auspiciamos), saludamos la publicación de este volumen de historia oral, guía inevitable para rastrear -como el baqueano de la pampa- a los ejércitos de la derrota y el hambre, o para, como alguna vez afirmó Carlo Guinzburg, saber más sobre quienes construyeron Tebas, la de las siete puertas.

 

Alejandro Falco,

Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires