Libros

ESPAÑA

FRANCISCO ERICEGuerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva, Eikasia ediciones, Oviedo, 2009.

Pilar Díaz Sánchez
Universidad Autónoma de Madrid.
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La avalancha de producciones de todo tipo y en diversos soportes, desde el escrito al fílmico, pasando por el entramado virtual, acerca de la memoria histórica,  exigía una reflexión sobre el tema desde una posición en  la que su única finalidad fuera el análisis crítico y la preocupación científica. En España pocos son los historiadores que se atreverían a  embarcarse en una tarea en la que debiendo repasar las publicaciones de colegas, obligan a una toma de postura ante tan escurridiza materia. No es el caso de Francisco Erice en su reciente libro  Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva, Eikasia ediciones, Oviedo, 2009, en el que aborda el tema de la memoria  desde la antigüedad del mundo clásico  como un arma al servicio de las clases dominantes para legitimar su status, hasta la actualidad. Por otro lado, añade que  también la memoria es utilizada por los desposeídos, por los vencidos, para reivindicar su lugar en la historia. De ahí las guerrasde la memoria que se han venido desarrollando desde siempre.

 

El libro del profesor Erice aborda su estudio como debe hacerlo cualquier científico social, comenzando en la génesis del término, en Grecia, para detenerse en los distintos periodos en los que se ha ido configurando la historia como disciplina científica, señalando su desarrollo y denunciando la oposición historia-memoria que ha perdurado hasta hoy en día. Se explaya con Halbwachs  y su concepto de “memoria colectiva” elaborado en 1925, así como en  el nexo entre el mismo y la tercera generación de Annales estableciendo un hilo conductor que va desde Durkheim a Bloch. “La memoria colectiva, afirma, va unida por una parte, a unos mecanismos motores –los ritos- y, por otra a unas estructuras antropológicas y sociales”. Aunque Bloch critique “el antropomorfismo un poco vago” de la memoria colectiva de Halbwachs. Un capítulo interesante en este recorrido hasta nuestros días es el que trata el uso de la memoria y sus lugares, haciendo expresa referencia al trabajo de Pierre Nora en 1998. Pero si el tema de la memoria preocupaba a los historiadores más conspicuos de mediados del siglo pasado, la postmodernidad en las décadas de los setenta y ochenta favorecerá el resurgimiento de la memoria, hasta el punto de inaugurar una moda que durará hasta nuestros días, e incluso en España, que llega algo más tarde, el abuso de la misma termina hastiando a muchos.  Como señala el autor “la abundancia de memoria no asegura una memoria más justa o capaz de actuar en sentido crítico”. Y es que el ambiente cultural, – el clima-, de la postmodernidad es el idóneo para que se desarrolle el interés por la memoria hasta el punto de llegar a oponerse a la historia. Se admite tácitamente así, una categorización en la que los vencedores se ocupan de la historia, mientras que los vencidos se convierten en los detentadores de la memoria. La memoria colectiva se convierte en un discurso referencial que desplaza a la historia y renuncia a explicaciones holísticas, al tener un mayor peso en ésta  la subjetividad y lo afectivo y se corre  el grave peligro de desplazamiento de la ideología a favor del sentimiento.

En la segunda parte del libro, “La memoria como imperativo ético y político: el deber de la memoria”, vuelve sus ojos a la tradición marxista para destacar como Marx trata el tema de la memoria colectiva, resaltando el interés del poder establecido para olvidar lamemoria revolucionaria, así como la denuncia, en ocasiones, de la memoria conmemorativa en aras de la creación de una nueva conciencia revolucionaria que fundamente ex novo, sus propios símbolos. Marx rechaza el “culto reaccionario al pasado”, frente a Gramsci que recupera el valor del recuerdo para asumirlo, aunque críticamente, sin sobrevalorar el componente mítico de la conciencia popular. El nexo entre ambos autores se encuentra en Benjamin, “en todo tiempo admirado y no siempre asumido” y para Erice la recuperación de la memoria coincide, por un lado con las tesis de Benjaminianas y por otra, con las del “deber de la memoria”. La memoria, en cualquier caso, tiene el peligro de estar formada por mitificaciones y silencios, dos elementos que la convierten en sustancia acientífica, o por lo menos, difícil de insertar en un planteamiento holístico. Las memorias colectivas no son unívocas, más bien pueden comprender diversos componentes: memorias individuales, generadas o contestadas por el poder, culturales…, en cualquier caso las memorias como las ideologías se corresponden con intereses políticos determinados. Las memorias sonpartidistas, concluye el autor.

Una vez definidos los términos de memoria, con este bagaje, el libro recorre las batallas de la memoria desde el colonialismo, la segunda guerra mundial, la guerra fría, el holocausto o utilización de la memoria en la construcción del Estado de Israel, hasta llegar a España, en donde el uso partidista de la memoria ha dado lugar a un agrio enfrentamiento entre los dos grandes partidos.

Uno da las aportaciones más significativas del libro se encuentran en el capitulo octavo, “Trauma y memoria. Usos y abusos del holocausto”, en donde analiza profusamente, haciendo acopio de un gran fondo argumental, la evolución del concepto de shoah/holocausto, desde su aparición hasta la deriva revisionista y los quiebros de la memoria colectiva en relación a la lucha antifascista tras la Segunda Guerra Mundial. Denuncia el autor los cambios valorativos de la lucha de la resistencia antifascista y explica los mismos al mostrar cómo se ha ido produciendo un paralelo entre  el comunismo y el fascismo, construyendo una memoria antifascista próxima a la democracia cristina y negando el papel, por ejemplo, del Partido Comunista Italiano en la guerra mundial, “desvalorizando la Resistencia como movimiento manipulado por la ´larga mano de Moscú´´. A partir de aquí el autor se extiende en denunciar la generalización del término totalitarismo para examinar el papel de todas las experiencias comunistas en el siglo XX. “Tras la caída del Muro de Berlín la noción, que había ido quedando en desuso, ha vuelta a ser activada, para así ´decretar el orden neoliberal como el mejor de los mundos frente a las dictaduras del siglo´, parafraseando en esto a Traverso.

La conclusión a que nos conduce la lectura del libro es que la memoria actúa como un fondeadero de las luchas del presente y esto es algo que no debe olvidarse. Aunque el libro no llegue a conclusiones tajantes, ni abra una nueva vía de exploración, tiene el mérito, y no es poco, de realizar un análisis basado en el racionalismo, en -la irreligión razonada-, de la mano del materialismo histórico.

 

 

ÁNGELA CENARRO, Los Niños del Auxilio Social, Espasa, Madrid, 2009.

Miren llona, Euskal Herriko Unibertsitatea/Universidad del País Vasco. AHOA, Ahozko Historiaren Artxiboa.
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Durante la última década hemos asistido a una multiplicación de investigaciones y publicaciones que tienen como telón de fondo la violencia y la  represión ejercida por el estado franquista una vez finalizada la guerra civil. Desde principios del siglo XXI, la dinámica abierta por el movimiento para la recuperación de la memoria histórica en la sociedad española ha contribuido decisivamente a crear las condiciones para la resignificación de todo un pasado, afortunadamente no olvidado, pero que no había sido suficientemente explorado. La obra de la historiadora Ángela Cenarro, no sólo contribuye a ese impulso investigador sino que constituye, en la actualidad, uno de los referentes historiográficos más sólidos para el estudio del universo franquista en toda su complejidad.

 

En su libro, Los niños del auxilio social, Ángela Cenarro se sumerge de lleno en el mundo de la historia oral, superando con éxito los retos y las dificultades que plantea la realización de un trabajo de investigación basado en fuentes orales. Así, desde la configuración de una red de informantes suficiente, un grupo de 21 hombres y mujeres, la realización de las entrevistas, 36 horas y media de grabación, y la trascripción de los testimonios,  650 folios, como ella misma reconoce más de un cuarto de millón de palabras, Ángela Cenarro ha llevado a cabo un trabajo minucioso, denso y reflexivo, que viene a enriquecer el panorama de la historia oral entre nosotros.
Uno de los aspectos más importantes de esta investigación es la postura hermenéutica que adopta la historiadora respecto a las fuentes orales. Se hace evidente en este libro la voluntad de explorar la subjetividad de los testimonios y de trascender el carácter autoevidente de los mismos. La influencia de la historiografía oral italiana, y especialmente de la obra de Luisa Passerini, es decisiva y vuelve a demostrarse la superioridad, en términos de resultados, de la actitud interpretativa a la hora de hacer historia oral.

Así, uno de los logros más significativos de esta investigación es la profundización en los aspectos subjetivos de la memoria. Desde el origen del proceso, la entrevistadora es consciente del carácter intersubjetivo de la entrevista y del papel productor y articulador de la memoria, que tiene en ella. A continuación, Ángela Cenarro se enfrenta a la tarea más paradójica del historiador oral, acceder a través de la memoria individual a los significados de la memoria colectiva. Las distintas circunstancias que rodearon a los niños/as recogidos por el Auxilio Social, nos hablan de una escasa homogeneidad en términos de experiencia, la pluralidad de los recuerdos es una de las características del trabajo. Así, aunque buena parte de los testimonios carecen de una perspectiva política otros entrevistados/as, como muy bien reconoce la autora, han mostrado una voluntad de cuestionar la visión crítica que su libro anterior,La sonrisa de Falange, había ofrecido del Auxilio Social. Desde esta particularidad el libro es un buen ejemplo de comprensión de las diferentes memorias y un intento sobresaliente de explicarlas en el contexto del régimen franquista.

A lo largo de cinco capítulos y tomando como eje de los mismos los recuerdos de los entrevistados/as, Ángela Cenarro plantea diferentes cuestiones. En los dos primeros capítulos, se acerca al origen social y familiar de los niños, que fueron a parar al Auxilio Social, logrando demostrar que la miseria, las circunstancias familiares adversas, el abandono paterno e, incluso, la delincuencia fueron factores tan importantes como la lógica política, para explicar el ingreso de los niños/as en la institución. El tercer y cuarto capítulos resultan extraordinariamente emocionantes porque rescatan la agencia de los niños/as y nos permiten ver al ser humano actuando en circunstancias muy difíciles y mostrando altas dosis de resiliencia. Finalmente, el quinto capítulo nos ayuda a comprender a los entrevistados/as en su difícil proceso de elaboración de la memoria pasada.
En definitiva, tenemos entre nosotros/as una nueva y valiosa contribución a la historia oral, que nos permite afirmar que en los últimos años las metodologías cualitativas van  ganando presencia en la historiografía contemporánea española.

Miren Llona [email protected]