Entreverse Teoría y metodología práctica de las fuentes orales

(Universidad del País Vasco, 2012

Reseña de Miren Llona (coord/ed),

Este libro es una guía sistematizada y completa dirigida a todas las personas interesadas en realizar un proyecto de historia oral.

Apoyándose en su trayectoria como historiadora oral, Miren Llona presenta un total de siete textos dirigidos a ofrecer una visión pedagógica e interdisciplinar en torno a la investigación con fuentes orales, a partir de un conjunto de reflexiones teórico-metodológicas que se apoya en ejemplos prácticos. La obra se inicia con un prólogo que incluye un breve recorrido por el desarrollo de la investigación con fuentes orales. En este, la autora constata una falta de formación académica en torno las mismas y busca ofrecer una guía destinada a todas aquellas personas en aprender en torno a este valioso recurso de investigación.

La primera parte de la obra está dirigida a cuestiones de tipo teórico y metodológico. El primer texto, a cargo de Miren Llona, es una sugerente reflexión teórica en torno a las relaciones entre memoria e identidad, destacando la ubicación corporal de la memoria, el rol que esta desempeña en la construcción de la subjetividad, y la importancia de los procedimientos narrativos a la hora de hacer inteligible lo vivido. El texto incluye, además, una serie de pautas destinadas a ayudar en la preparación de entrevistas, resaltando la importancia de este momento y su dimensión intersubjetiva.

El segundo, texto, escrito por la antropóloga Rosa García-Orellán, introduce la importancia de la perspectiva biográfica para las ciencias sociales. Para ésta autora, la práctica con fuentes orales nos va presentando distintos problemas que requieren distintas respuestas durante la investigación. Para ello, nos dice Orellan, se hace preciso “constituirse en sujeto metodológico” disponerse a experimentar. incorporando elementos de reflexividad que nos permitan actuar de modo adecuado en la toma de decisiones, en la conversión de lo oral en texto. La investigación, por tanto, pasa a concebirse a partir de una postura reflexiva que recoge la relación entre el entrevistador, la persona entrevistada, y los datos.(p.88)

El tercer texto, firmado por los antropólogos Jordi Roca y Lidia Martínez, recoge una reflexión en torno a las estructuras narrativas que toman los relatos de vida. Los autores proponen el estudio de los relatos de vida a partir del establecimiento de ejes cronológicos o temáticos. Apoyándose en su experiencia con relatos de inmigración, Roca y Martínez detectan una serie de elementos comunes a la hora de organizar las historias, que tienen que ver que las formas que adapta el relato, los momentos en los que se introducen los cambios, etc. La consideración de esos ejes, y de las posiciones desde las que se narra, permiten, para estos autores, descomponer los relatos de vida unidades de sentido, relacionadas de modo lógico entre sí, que facilitan el trabajo con fuentes orales y revelan nuevos aspectos significativos.

Los siguientes tres textos tienen un carácter más práctico, y surgen a partir del análisis de fuentes orales en investigaciones que parten del final del la guerra civil española (1939). En el primero de ellos, la historiadora Mercedes Vilanova expone sus reflexiones surgidas a partir del trabajo con republicanos españoles deportados en Mauthausen, mostrando como a partir de éstas fuentes podemos distinguir distintas percepciones de esa experiencia, condicionadas por la clase social, la edad o la militancia de los prisioneros. .El texto permite, además, indagar en torno a aspectos poco conocidos, como la represión sexual masculina, o el empleo de ciertos mecanismos fantasiosos(realismo mágico) como dispositivos de supervivencia en el campo.

El siguiente texto, escrito por la también historiadora Pilar Domínguez, nos acerca a otra realidad de los perdedores de la güera civil española, a partir del estudio de relatos de vida de mujeres republicanas refugiadas en México. Tras realizar un recorrido introductorio de la historia del exilio mexicano, Dominguez argumenta que éste se constituyó como un lugar propicio para la conmemoración de la derrota y el exilio republicanos, un refugio dolido, no exento de nostalgia, edificado frente a la amnesia inducida desde la dictadura del general Franco. A partir del testimonio de estas mujeres, la autora se acerca a aspectos poco conocidos, o sencillamente ignorados, de la experiencia del exilio, concediendo una importancia especial a las mujeres y a su influencia en la construcción del relato del exilio mexicano.

El último de éstos texto, a cargo de Pilar Díaz, tiene también como objeto de estudio la experiencia de las mujeres en la sociedad franquista, centrándose en los aspectos relacionados con el trabajo. Para esta autora, la fuente oral permite esclarecer numerosos aspectos de los grupos invisibilizados o subalternos, que obligan a repensar la presunta objetividad de la historia dominante. Partiendo de su experiencia común como mujeres trabajadoras, Díaz establece cierta complicidad o empatía con sus entrevistadas, que le permite acceder a una parte íntima de la vida de dichas mujeres, detectando la existencia de tensiones y resistencias en el ámbito laboral. Los testimonios permiten, además, descubrir la existencia de un fuerte desempoderamiento, originado a partir de la existencia de prejuicios sexistas que han llevado a minusvalorar el rol de esas mujeres, por lo que la autora propone reconstruir/restituir su memoria mediante la construcción de fuentes orales.

Por último, el libro se cierra con un texto escrito por el sociólogo Carlos Sandoval, en el que, tras abordar el problema de la xenofobia en el contexto costarricense, se abordan las posibilidades de la historia oral como herramienta incisión en las políticas públicas de inmigración. Para el autor, la historia oral aparece caracterizada desde un compromiso ético de responsabilidad y escucha, desde el cual pueden tomar voz las comunidades inmigrantes y confrontar los distintos imaginarios excluyentes a partir de la articulación de su propia memoria colectiva.

En conclusión, la obra se conforma como un manual de gran ayuda para las personas interesadas en iniciarse en el trabajo con fuentes orales, al mismo tiempo que presenta buena muestra de los buenos resultados obtenidos tras la introducción de la perspectiva interdisciplinar en fuentes orales.

David Beorlegui

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Bodies of evidence, The practice of queer oral history

BOYD, Nan Alamilla y ROQUE RAMÍREZ, Horacio, N. (eds.),

Oxford University Press, New York, 2012.

Bodies of evidence es una obra que recoge diferentes prácticas y metodologías para el estudio de temas queer y de los movimientos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (en adelante LGBT). Se escapa de la forma tradicional en la que ha sido tratada la historia queer1, es decir, como una especie de novela o de serie policíaca, una historia de perseguidores y perseguidos. Al contrario, en esta obra el uso de la historia oral dota a los estudios queer de una dimensión liberadora. En Bodies of evidence se aboga por una historia oral que ejerce de método de empoderamiento y como de forma para enriquecer, expandir y profundizar un periodo histórico y en concreto la historia queer.

Nan Alamilla Boyd y Horacio Roque Ramírez editores y autores de un capítulo cada uno, son especialistas en historia de género, historia del feminismo, historia queer e historia oral. En relación al tema que tratamos en esta reseña recomendamos de Nan Alamilla Boyd Wide Open Town: a History of Queer San Francisco to 1965, University of California Press, Berkeley, 2003 y de Horacio Roque Ramírez Memories of Queer Latino San Francisco: an oral History 1960-1990s, Palgrave /McMillan, New York, 2012. De todas maneras, Bodies of evidence se trata de una obra colectiva en la que diversos especialistas de historia queer reflexionan en torno a su investigación mediante la historia oral. Así pues, la obra se compone de 14 capítulos, cada uno hecho por un autor diferente, que son divididos en cuatro bloques temáticos: silencio, sexo, amistad y política. A través de estos bloques se recorren diversos aspectos de la historia queer en Estados Unidos pero también en Cuba y Australia. Los narradores son múltiples y muy variados: una madre lesbiana nacida en la década de los veinte, una bailarina aérea gran activista feminista y también lesbiana, un profesor homosexual fundador de The Gay Teachers Group o un marine que sirvió en las guerras de Afganistán e Irak.

En las siguientes líneas intentaremos subrayar los aspectos metodológicos más destacables y a su vez extrapolables a la práctica de historia oral. Para este cometido dividiremos nuestras conclusiones a partir de los bloques temáticos que componen la obra. Comencemos pues con el silencio, el silencio es tratado en los primeros cuatro capítulos con dos objetivos diferentes: como el estudio de la silenciación de las relaciones sexuales que no convergen con la sexualidad normativa y como una herramienta analítica muy valiosa para el historiador oral (p.29). Aparte de palabras, las entrevistas de historia oral son actos performativos encorporados2 con múltiples canales de recepción y emisión donde dos personas interactúan, intercambian gestos y los interpretan. En este aspecto, se dan múltiples similitudes entre la entrevista de historia oral y un acto artístico, ambos emergen envueltos en una gran cantidad de actos repetitivos, como gestos o movimientos que son emitidos y recibidos y mediante los cuales se expresan intenciones corporales o emociones. La entrevista es como una coreografía que va y vuelve sobre sí misma revelando cada vez facetas previamente desconocidas (pp.82-89).

En este bloque dedicado al silencio también se hace especial mención al estudio de la subjetividad para entender la experiencia del entrevistado. Únicamente mediante la incorporación de la subjetividad del narrador podremos llegar a un análisis más objetivo de nuestro tema de estudio (p.33). Las historias de vida son el escenario privilegiado donde las subjetividades e identidades mejor pueden apreciarse, nos muestran la manera en la que la memoria adapta constantemente las tradiciones recibidas a las circunstancias del presente. Las historias de vida ayudan al historiador a conceptualizar ya que los narradores cuentan unas historias y no otras para negociar circunstancias presentes con experiencias del pasado (pp.47-48). De esta manera, no resulta difícil comprender cómo la historia oral ha sido fundamental en el activismo LGBT y en la autocomprensión de los activistas y cómo ha ayudado en las políticas de visibilidad (p.65).

El apartado de sexo nos incita a abandonar clichés e ideas prefijadas sobre las identidades homosexuales. Nos muestra la manera en la que la entrevista como acto performativo nos obliga a replantar nuestras hipótesis iniciales y las categorías que habíamos estipulado en el diseño del proyecto. Son los narradores quienes nos invitan a abandonar esas categorías en las que no tienen por qué adscribirse ni identificarse con ellas (p.104). Los autores de este apartado no estudian la identificación sexual como un proceso lineal ya que está lleno de reafirmaciones y negaciones (p.106). Las historias de vida nos hacen a los entrevistadores más conscientes de las múltiples formas por las que el sexo y la sexualidad funcionan como vectores de la economía política. El sexo siempre aparece mediado por las relaciones de poder que los ubican en el tiempo y el espacio (p.110). Igualmente, el sexo puede convertirse en un elemento iluminador de otros hechos que guardan relación con el erotismo, pero también con la raza, la sexualidad o la identidad nacional (p.121). Por todo ello, debemos dejar de considerar las historias relacionadas con el sexo como demasiado vulgares o personales. La historia debe estudiar cómo estas narrativas construyen la memoria de los individuos que comparten su experiencia y forman la historia queer (p.121). No obstante, para tratar temas tan necesarios como la sexualidad y las relaciones sexuales, debemos tener en cuenta que en la entrevista se tiene que crear un clímax de confortabilidad. Uno de los métodos que proponen los autores para conseguir un ambiente de confianza es que el historiador comparta con el entrevistado algún aspecto personal. Esta “confidencia” supondrá cierta vulnerabilidad al historiador pero puede generar empatía con el entrevistado. Por ejemplo, al subrayar los aspectos de nuestra persona en las que nos parecemos al entrevistado, le podemos a dar a entender que puede compartir su historia con nosotros (p.141).

Este clima de confianza puede dar lugar a una relación de amistad entre entrevistador y entrevistado y es precisamente la amistad el tema que ocupa el tercer apartado de la obra. Las universidades y administraciones del entorno capitalista han tendido a reducir las relaciones interpersonales. En este sentido, la entrevista de historia oral, aunque se lleve a cabo en un medio académico, puede ser una herramienta útil para mantener o aumentar el nivel relacional de los individuos (pp.164-165). Debemos llegar mediante la entrevista a una relación de equidad, el historiador debe ser capaz de compartir su autoridad y asumir que ambas partes comparten a través de una relación simbiótica un mismo objetivo: historizar términos, costumbres y deseos (pp.192-193). Sólo compartiendo autoridad, la entrevista se convierte en una experiencia realmente enriquecedora y sólo así nos podremos acercar a temas que hemos podido estudiar durante años pero que hasta ahora habían sido silenciados y por tanto desconocidos para nosotros (p.199).

El último de los bloques está dedicado a la política y a su relación con movimientos LGBT. Los autores que subscriben estos capítulos defienden a la historia oral cómo un valioso método para moverse mediante categorías que han sido estudiadas cómo estáticas como la discriminación sexual o la resistencia a las prácticas homófobas. El historiador puede llegar a alcanzar una gran comprensión de su objeto de estudio cruzando en la entrevista temas como sexualidad y política (p.227). Gracias a la historia oral podremos acercarnos, entre otros, a la experiencia de los y las marines estadounidenses que debían seguir la ley “don’t ask, don’t tell” de 1993 que les impedía hacer público que eran homosexuales, sólo así se podrán echar abajo numerosos silencios institucionales (pp.242-245).

Por último, me gustaría concluir subrayando tres aspectos interrelacionados entre sí que he extraído de este libro y que han sido compartidos por todos los autores que, con sus teselas, construyen este gran mosaico de la historia queer y de la práctica de historia oral. En todos los capítulos se analiza algo que en muchas ocasiones tendemos a obviar, la figura del entrevistador. El entrevistador, lejos de ser un agente pasivo de la entrevista, interviene activamente en ella provocando diferentes respuestas y reacciones por parte del entrevistado. Debemos analizar lo que nuestra persona puede evocar en el narrador para alcanzar una mayor comprensión de su historia, saber por qué cuenta lo que cuenta y cómo lo hace. Asimismo, los autores rechazan la polarización entre lo “subjetivo” y lo “empírico” ya que son aspectos complementarios, sólo mediante el estudio de la subjetividad se llega a una mayor objetivación (p.17). Entienden la entrevista de historia oral como una experiencia a través de la cual entrevistado y entrevistador pueden reflexionar sobre aspectos en los que no habían reparado. El entrevistador puede cambiar las hipótesis y las categorías desde las que partía y el narrador puede “despertar la bestia de su conciencia” cuestionándose el porqué de las razones que tomó en su vida (p.258). En definitiva, la entrevista se trata de un acto performativo en el que dos cuerpos colaboran a través de la voz y el gesto para crear un documento lleno de significación (p.89), capaz de criticar las narrativas heroicas de la historia (p.270), un documento capaz de romper silencios y tirar barricadas.

Eider de Dios