Revisado por Benji de la Piedra

 

The Voice of the Past: Oral History (Cuarta edición); Paul Thompson y Joanna Bornat; Oxford University Press 2017; $39.95; Tapa blanda; ISBN 978-0-19-933546-6; 484 páginas.

The Voice of the Past, un texto fundacional en el campo de la historia oral anglófona, ha sido minuciosamente actualizado para incluir una mirada más global de las tradiciones de investigación de la historia oral y para reflejar los muchos avances que han llevado a cabo historiadores e historiadoras orales en el siglo veintiuno. Publicado por primera vez en 1978, con una segunda edición en 1988 y una tercera en 2000, The Voice of the Past presenta en esta cuarta edición de reciente publicación amplias revisiones y añadidos a cargo no solo de Thompson, sino también de la nueva co-autora del volumen, Joanna Bornat. (El libro también contiene un nuevo capítulo sobre teoría de historia oral a cargo de la contribuidora invitada Lynn Abrams.)

Los nuevos añadidos al libro incluyen:

  • “Reaching Out: Other Cultures”, capítulo que sondea tradiciones y tendencias en la historia oral fuera del mundo anglófono.
  • “Parallel Strands”, capítulo dedicado a las aplicaciones de la historia oral en distintos campos que han contribuido de forma significativa al enfoque interdisciplinar, como los medios visuales, la historia pública, la sociología, los estudios narrativos y los estudios de la memoria.
  • “Transforming Oral History Through Theory”, capítulo de Abrams que introduce varios conceptos posestructuralistas para analizar “cómo y por qué se dice algo” (132) en una entrevista determinada.
  • Amplias discusiones sobre proyectos de historia oral del siglo veintiuno y desarrollos en el campo, entretejidos en distintos capítulos profundamente revisados como “The Achievement of Oral History”, “Memory and the Self” “Projects” e “Interpretation”.
  • Una serie de recuadros de texto insertados a lo largo del libro con extractos de entrevistas analizadas por Thompson y Bornat.
  • Una bibliografía de casi 500 libros y un índice de 80 páginas web sobre historia oral.

 

La intención global de Thompson sigue siendo la misma que en ediciones anteriores: demostrar lo que distingue a la historia oral y lo que la legitima como método de investigación social. Por lo tanto, cuando Thomson y Bornat indican en el prefacio que “The Voice of the Past está pensado para todo tipo de profesionales de la historia oral, y no sólo académicos”, la estructura y las posiciones que subyacen al libro dejan claro que se pretende ante todo fomentar una historiografía oral desinteresada y objetiva—más que de índole activista partidista o creativa idiosincrática.

Los primeros dos capítulos del libro permanecen básicamente inalterados y están dirigidos a lectores que deben estar ante todo convencidos de la legitimidad metodológica de la historia oral y de su potencial cívico. El capítulo uno, “History and the Community” —al que Thompson y Bornat denominan “un manifiesto…acerca del valor social potencial de la historia oral” (ix)— enmarca la historia oral como una herramienta esencial para completar y equilibrar los registros históricos. El capítulo dos, “Historians and Oral History”, presenta una extensa historia intelectual de historiadores e investigadores sociales (tanto en el mundo anglófono, como en Francia y Alemania en el siglo XIX), usando la evidencia oral y la técnica de entrevista de la historia de vida. El capítulo concluye que la recopilación e interpretación de las fuentes orales por los historiadores es debida a un resurgimiento, dado que estas son “las habilidades más antiguas de su propio oficio” (70).

Tras estos dos capítulos, los que siguen ahondan más en la tradición y perspectiva disciplinar de la investigación de la historia oral: “Reaching Out: Other Cultures”, “Parallel Strands”, “Transforming Oral History Through Theory”, “The Achievement of Oral History”, “Evidence”, “Memory and the Self” and “Projects”. Estos capítulos —así como los últimos tres, “The Interview”, “After the Interview” and “Interpretation”— están escritos a modo de investigación e intentan comunicarnos un compendio de información enciclopédica a través de una prosa narrativa. Esto hace que algunas secciones del texto parezcan en ocasiones estar reñidas con la coherencia entre párrafo y párrafo, lo cual puede distraer la atención de los lectores. Además, aunque el tratamiento de la investigación es ambicioso, se corre el riesgo de la simplificación. Tomemos por ejemplo el siguiente resumen sobre “el género cambiante de la autobiografía negra” del capítulo dos: “Esto empezó en la década de 1830 con narrativas de esclavos, a menudo redactadas por un escritor fantasma blanco, en un estilo profundamente cristiano, utilizadas en apoyo de la campaña por la abolición de la esclavitud. La más famosa de ellas es The Narrative of the Life of Frederick Douglass, an American Slave (1845)” (35). La composición y disposición de estas frases podría llevar a un lector desinformado a creer erróneamente que la autobiografía de Douglass fue escrita por una persona blanca anónima (un escritor fantasma). Por lo tanto, las afirmaciones generales que Thompson y Bornat hacen sobre las tendencias y tradiciones de la historia oral alrededor del mundo deberían ser revisadas y sometidas a una exploración más profunda de la literatura específica antes de citar de forma acrítica.

Hay partes de este libro que estimularán al lector, haciendo evidente la fuerte convicción que sienten Thompson y Bornat acerca de la utilidad, el atractivo y la generosidad inherentes a la historia oral. El capítulo siete, “Evidence” (revisado por Bornat), es el primer ejemplo. Aquí, con inspirada elocuencia, los autores desmantelan minuciosamente la clásica y mal informada crítica de la historia oral como fuente no fiable de información sobre el pasado. Los autores demuestran sistemáticamente la presencia de parcialidad tanto en los documentos históricos escritos como en los de tipo cuantitativo, afirmando con rotundidad que “el problema de la memoria no es exclusivo del historiador oral, sino básico en la investigación social” (214). Los autores llaman la atención sobre la “considerable ventaja” de la que disfrutan los historiadores orales, capaces de aprovechar la “abundante discusión sociológica que existe sobre el método de la entrevista, sobre las posibles fuentes de parcialidad y sobre cómo estas pueden ser identificadas y minimizadas”—, añadiendo que “El debate sobre la parcialidad en la documentación escrita, a pesar de darse de forma similar, es comparativamente escaso” (189). Los historiadores orales de todo tipo, tanto experimentados como principiantes, deberían leer con atención este capítulo.

Sin embargo, a pesar de ofrecer una introducción comparativa de la historia oral como campo, The Voice of the Past falla al enmarcar la historia oral como una práctica individual, y ese es el punto débil del libro. La guía práctica para la realización de historia oral no se ofrece hasta el capítulo diez, “The Interview”, e incluso ahí es demasiado formulista. La neutralidad se plantea como la ética primordial del entrevistador—y se ve reflejada en más de veinte recuadros con extractos de entrevistas por todo el libro, donde sólo aparece citada una pregunta del entrevistador. Al esforzarse tanto para justificar la historia oral en términos de investigación socio-científica, Thompson y Bornat descuidan profundizar en el pragmatismo metodológico y en la auto-implicación intersubjetiva que subyacen al humanismo esencial de la historia oral.

Lo que se echa en falta en este capítulo, y de hecho a lo largo de todo el libro, es cualquier mención a la reflexividad, a la experimentación o al ensayo y error como fuerzas impulsoras del desarrollo personal de un historiador oral en tanto que investigador. Los autores no le dan al lector suficiente permiso o herramientas para realizar adaptaciones informadas del método en función de contextos actuales, experiencias pasadas u objetivos futuros.

No cabe duda de que The Voice of the Past continúa siendo un referente importante y presumiblemente lectura obligada para quienes dicen ser miembros del campo interdisciplinario de la historia oral. El libro debería estar especialmente en los estantes de quienes enseñan y hablan en nombre de la historia oral a personas no iniciadas en el campo. Sin embargo, los profesionales de la historia oral probablemente encuentren la experiencia de leerlo de principio a fin bastante pesada e impráctica. Les aconsejo tratar este libro como un volumen de referencia, para ser consultado como punto de partida de las muchas y varias facetas del método, de la teoría y de los antecedentes, hallazgos y promesas de la historia oral.


Benji de la Piedra es escritor e historiador oral residente en Little Rock, Arkansas, donde documenta la vida temprana y la historia de la comunidad de Herbert H. Denton, Jr.  Junto a Mario Alvarez, de la Piedra, es Co-Fundador, Co-Director, y Co-Entrevistador Principal del Proyecto de Historias de Vida de Columbia.